
Nadie le prestaba la más mínima atención.
Un paseante, de forma despreciativa le dijo:
¿Qué haces aquí? Ya ves que nadie se fija en tí.
El hombre pobre lo miró tranquilo y le contestó:
¿Y a mí qué? Yo sí reparo en mí y eso me basta. Lo contrario sí que sería horrible: que todos repararan en mí y yo me ignorase.
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